Avisar de contenido inadecuado

Por la senda de Pedro Páramo, por Milagros Ezquerro, Universidad de La Sorbona, París.

{
}


Milagros Ezquerro
Universidad París X, Sorbonne.


 
La lectura de Pedro Páramo es una experiencia a la vez fascinante y desconcertante. Esta novela de tan modestas proporciones es de tal densidad que requiere de parte del lector una actividad muy considerable ¿En qué radica esa dificultad de lectura y la impresión de inquietante extrañeza que se percibe en cada página de la narración? Se ha dicho que Pedro Páramo es una obra de literatura fantástica, y es verdad que no faltan argumentos en este sentido, pero una  clasificación no explica nada, y la invocación del adjetivo “fantástico” agrega más problemas que los que resuelve. La causa más evidente de la dificultad de leer Pedro Páramo es una organización muy fragmentada que entrecorta la lectura y obliga al lector a una perpetua actividad de puesta en relación y reconstrucción. Convendría pues tratar de entender esta organización, cómo funciona la narración y las consecuencias que tiene ese funcionamiento  sobre los diversos elementos constitutivos de la novela. Puede ser que así se aprecien algunas razones que han motivado que este pequeño libro ocupe un sitio privilegiado dentro de la literatura en lengua española de la segunda mitad del siglo XX.  


Un rompecabezas narrativo
    Esta novela que no cuenta más de ciento cuarenta páginas de pequeño formato, no presenta ninguna gran división, no está organizada ni en partes, ni en capítulos. En el continuum textual pausas, bastante frecuentes y cercanas, marcadas por blancos tipográficos con valor de dos saltos de línea, delimitan unidades narrativas cuya longitud varía entre tres líneas y cinco páginas. Las setenta unidades narrativas, que llamaremos secuencias, no corresponden a ninguna unidad tradicional como  parte, capítulo o párrafo; no están numeradas y no se distinguen de manera evidente a causa de la disposición tipográfica utilizada. Sin embargo la secuencia constituye efectivamente una unidad narrativa que tiene, con la que  precede y con la que sigue, relaciones que no son generalmente de linealidad. La fragmentación del texto y el principio de no-linealidad dan al lector la impresión de hallarse ante un rompecabezas en el cual las diferentes piezas habrían sido mezcladas por una mano distraída o malintencionada. Un examen más atento muestra que, por debajo de ese aparente caos, se tejen hilos que organizan en profundidad la narración, que de secuencia en secuencia se urden relaciones, muchas veces ocultas, que confieren al relato una coherencia secreta de extraordinaria eficacia.


      La línea directriz de Pedro Páramo es simple, se anuncia desde la primera página de la novela: un hijo que se ha criado lejos de su padre decide, cuando muere su madre, ir al pueblo natal de ella para buscar al padre. Secuencia tras secuencia se reconstruyen paralelamente la historia del padre, desde su adolescencia a su muerte, y la historia del hijo, que se podría designar por ahora como su entrada en el mundo de los muertos. Entre esas dos historias situadas en espacios / tiempos claramente diferenciados, se tejen relaciones particulares a través de los personajes que el hijo encuentra y que han tenido un papel en la historia del padre. Pero una diferencia fundamental separa estas dos historias y permite ver en esta binaridad un primer pivote estructural: la historia del hijo es tomada a cargo por un narrador en primera persona identificado con el personaje del  hijo, Juan Preciado, en tanto que la historia del padre se enuncia con narrador impersonal. Esta escisión de la función narradora determina dos campos narrativos que tienen cada cual sus propias coordenadas espaciales, temporales y actanciales de las que se hablará más adelante:
      1- El Campo Narrativo I que abarca la historia del hijo, Juan Preciado, contada por él mismo.
      2- El Campo Narrativo II que abarca la historia del padre, Pedro Páramo, con un narrador impersonal.
Los dos campos narrativos se entrelazan y se mezclan dando la imagen de un rompecabezas


          El campo narrativo I presenta a su vez una articulación, un pivote evidente que se sitúa en la secuencia 35 que corresponde a la « muerte » de Juan Preciado, a su entierro, y al principio de una nueva forma de existencia, en la tumba al lado de Dorotea. Este pivote no constituye el centro aritmético del campo narrativo I ya que lo divide en 19 / 6 secuencias, pero es importante en otros aspectos que examinaremos más adelante. Lo más evidente es que la secuencia 35 aporta un cambio brutal en el plano actancial ya que el protagonista sólo tiene a partir de entonces una actividad contemplativa que se reduce al diálogo con su compañera de tumba, y a la escucha de las voces provenientes de los sepulcros vecinos. En paralelo a este cambio, se produce una mutación en la modalidad de escritura: a la narración en primera persona  sucede un diálogo entre Juan Preciado y Dorotea, entrecortado por los monólogos de otros personajes que son captados por el protagonista.
      Fuera de este corte de la secuencia 35 el campo narrativo I no presenta otros subconjuntos funcionales, es ritmado por los sucesivos encuentros del protagonista con personajes que, de pronto, descubre que están muertos. Los más importantes son los siguientes:
1.    Abundio Martínez, el arriero, medio hermano del protagonista.
2.    Eduviges Dyada, la hostelera, amiga de infancia de su madre. 
3.    Damiana Cisneros, la vieja sirvienta de Pedro Páramo que vio nacer a Juan Preciado.
4.    Donis y su hermana, pareja incestuosa, son los últimos habitantes de Comala que ve Juan Preciado antes de encontrarse en la tumba.
5.    Dorotea, la mujer con la que Juan Preciado se encuentra en la tumba. Ella ha sido la Celestina de Miguel Páramo, el medio hermano del protagonista. Dorotea y Juan Preciado van a dialogar a partir de la secuencia 35.


El campo narrativo II es considerablemente más extenso que el I, ya que comprende 44 secuencias contra las 26 del campo narrativo I. La intriga es mucho más compleja y el número de los personajes puestos en escena resulta más importante. La historia de Pedro Páramo se organiza en 5 subconjuntos de muy desigual extensión que se pueden  designar de la siguiente manera:
1.    Adolescencia de Pedro Páramo.
2.    Pedro Páramo se convierte en el dueño de Comala.
3.    Vida y muerte de Miguel Páramo.
4.    Susana San Juan y Pedro Páramo
5.    Muerte de Pedro Páramo.


Se observa pues que cada uno de los dos campos narrativos tiene una estructura particular, con una dinámica propia que no se repite de un campo al otro. Esto no significa en absoluto que cada uno de los campos constituya una narración autónoma, muy al contrario, la imbricación de los campos narrativos figura el carácter indisociable de su funcionamiento. Sin entrar por ahora en la extrema complejidad de su interpenetración, se puede señalar, a manera de ejemplo, la visión del matrimonio de Dolores Preciado con Pedro Páramo presentado en la secuencia 9 (campo narrativo I) y la visión del mismo suceso dada en la secuencia 21 (campo narrativo II); o también la muerte de Pedro Páramo abordada en la secuencia 11 (campo narrativo I) y en la secuencia 38 (campo narrativo II).


      La organización de Pedro Páramo aparece muy poco convencional: primero a causa de la unidad narrativa de la secuencia que rompe con los moldes novelescos utilizados de ordinario, y que da a la narración un tempo muy peculiar; después a causa del principio de no-linealidad que sustrae la narración a las leyes de la lógica tradicional para organizarla según exigencias más secretas e imperiosas. Si se examinan las relaciones que unen dos secuencias que se suceden en el espacio textual pero que pertenecen cada una a un campo narrativo diferente, se pueden apreciar algunos de los mecanismos que rigen el funcionamiento narrativo.


      El primer caso de cambio de campo narrativo se produce entre la secuencia 5 y la 6. En la secuencia 5 Juan Preciado acaba de llegar a Comala y como le ha aconsejado su guía, el arriero Abundio, va a la casa de Eduviges Dyada la hostelera, con la que habla de su madre. Después de haber escuchado las extrañas declaraciones de la anciana, el héroe se siente acceder a un estado particular, que se puede comparar a ese estado fugaz donde uno se encuentra justo antes de dormirse:
Me sentí en un mundo lejano y me dejé arrastrar. Mi cuerpo, que parecía aflojarse, se doblaba ante todo, había soltado sus amarras y cualquiera podía jugar con él como si fuera de trapo.  


     En cuanto a la secuencia 6, comienza con la  evocación de los instantes que siguen el final de una tormenta: igual que a la tensión y la angustia de la llegada a Comala de Juan Preciado, sigue un estado de tranquilidad y abandono total, del mismo modo, el corral de la casa de Pedro Páramo vuelve a encontrar un aspecto de alegría y felicidad después de la tempestad:
Al recorrerse las nubes, el sol sacaba luz a las piedras, irisaba todo de colores, se bebía el agua de la tierra, jugaba con el aire dando brillo a las hojas con que jugaba el aire.


Otra relación se teje entre las dos secuencias con la evocación  por el joven Pedro Páramo del recuerdo de Susana, su amiga de la infancia que se fue de Comala: esta evocación hace eco con aquella, hecha por Eduviges, de Dolores, su amiga de la infancia que también se fue de Comala. Esta relación, todavía tenue en este momento del texto, va a crecer y multiplicarse al punto de construir dos figuras femeninas totalmente indisociables dentro del funcionamiento novelesco, las figuras de Dolores Preciado y Susana San Juan.
      Se citará una última relación, quizás la más impresionante y la más significativa: las réplicas que concluyen cada una de las secuencias, una de Juan Preciado, el hijo:
-Iré. Iré después.
Y la otra de Pedro Páramo, el padre:
-Ya voy mamá. Ya voy.


Que este paralelismo sea un signo  de identificación del hijo con la figura paterna y que esta identificación se haga a la inversa, es decir, del padre al hijo y del pasado hacia el futuro, puede llevarnos a presentir una forma de funcionamiento de la narración. La progresión de una secuencia a otra no parece hacerse según relaciones de contigüidad inmediata o diferida, sino más bien según relaciones de libre asociación y de analogía simbólica que recuerdan los mecanismos de funcionamiento del sueño o de la memoria, más que los de la razón consciente. Ni qué decir que este carácter no es para nada fortuito y que tiene relación con las estructuras simbólicas puestas en escena por la narración, sobre las que volveremos. Es igualmente evidente que este modo de funcionamiento del relato va a tener consecuencias cataclísmicas, tanto en la organización espacio-temporal, como en la función actancial.


     Quisiera volver otra vez sobre la descripción, citada arriba, del estado de Juan Preciado al final de la secuencia 5, en el momento en que se va a producir precisamente el cambio de campo narrativo, y donde va a comenzar la historia de Pedro Páramo, es decir- y es por eso que este texto es importante- el momento donde se instaura el cisma narrativo que va a conferir a la novela su peculiaridad. El personaje del que se trata es fundamental, menos por su función actancial, que por ser la figura con la cual se identifica la instancia narradora en primera persona. El estado descrito aquí es un estado de renuncia al control de lo consciente, de abandono total a fuerzas desconocidas, estado que puede hacer pensar en el instante en el que uno se abandona al sueño, o más aún al momento en que uno se abandona al trabajo del inconsciente. Este estado es descrito como una desposesión de sí mismo (“me dejé arrastrar”) y un desdoblamiento del Yo por la alienación de una parte de sí mismo (“mi cuerpo se doblaba... sus amarras y cualquiera podía jugar con él...). Será necesario volver, a propósito de la función narradora, sobre este juego entre primera y tercera persona, pero conviene señalar que está ya en obra, de manera claramente simbólica, en el momento donde se instaura la binaridad narrativa.


Un tiempo reversible
No hay duda que la fragmentación y la no-linealidad de la organización narrativa de Pedro Páramo van a repercutir directamente en su organización temporal. No lineal, el tiempo de la novela describe una trayectoria compleja que proyecta al lector en instantes de caracteres muy mutables: a veces anclados en una cronología reconocible, a veces perdidos en una duración sin fronteras visibles. Fragmentado según reglas que no tienen que ver, ni con los calendarios, ni con los relojes, el tiempo construye su propia ley:
El reloj de la iglesia dio las horas una tras otra, una tras otra, como si se hubiera encogido el tiempo.
Cómo si hubiera retrocedido el tiempo. Volví a ver la estrella junto a la luna. Las nubes deshaciéndose. Las parvadas de los tordos. Y enseguida la tarde todavía llena de luz.  
Se puede subrayar en un principio que la cronología de los dos campos narrativos es muy diferente. La historia de Juan Preciado en Comala parece durar poco tiempo, al menos hasta el momento en que se encuentra en la tumba, pues a partir de ahí la noción de tiempo no tiene mucha significación. Por el contrario, la historia de Pedro Páramo abarca un gran número de años y se descubren alusiones a acontecimientos históricos fácilmente identificables.  


La historia de Juan Preciado
La llegada de Juan Preciado a Comala se sitúa en un tiempo con referencias esencialmente climáticas:
En ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente...
No hay ninguna alusión que permita, en algún momento, situarla en una época determinada: a partir del instante en que Juan Preciado entra en Comala, se abre delante de él un tiempo sin medida y sin dirección. Lo más impactante, en este tiempo, es su perfil nocturno: Juan Preciado llega a Comala cuando está terminando el día y enseguida la noche lo inunda todo. En la noche tiene lugar la conversación con Eduviges y después con Damiana; es por la noche que él escucha las conversaciones de la gente de Comala y que es recibido en la casa de Donis y su hermana. Cuando Juan preciado se despierta, es mediodía y muy pronto, mientras que la mujer le cuenta su vida en Comala, el día declina de nuevo y la noche regresa. Luego el tiempo, remontando hacia su fuente, rehace en sentido inverso el camino recorrido desde su arribo a Comala.
      De esta manera el tiempo en Comala escapa a su ley más rigurosa: la irreversibilidad. Pero Juan Preciado, testigo de esta trasgresión, se encuentra muy pronto en la tumba: ¿será que la muerte castiga a aquellos que acceden al conocimiento de lo incognoscible, o bien es la toma de conciencia de una muerte ya consumada al principio del viaje hacia el infierno de Comala? La frontera entre la vida y la muerte resulta lo bastante brumosa para que no se sepa jamás de qué lado uno se sitúa. De la misma manera, el tiempo ha roto todos  sus cerrojos y gira locamente como una brújula que ha perdido el norte.
      ¿Qué significan entonces, en esta duración sin límites, los tiempos del pasado con los que se enuncia el relato?
      El pasado del relato no se sitúa en relación con un presente de enunciación que permaneciera implícito, como se produce habitualmente, sino en relación con un presente enunciado que aparece precisamente en las secuencias 34 y 35, en la articulación de la narración:  
Tengo memoria de haber visto…
      Todos los pasados que preceden, en el campo narrativo I, resultan, de este modo, ser anteriores al instante presente enunciado por primera vez en la secuencia 34. Ese presente corresponde a la “muerte” de Juan Preciado –con el sentido que se le quiera dar- que será desde entonces el punto de referencia temporal de todos los otros acontecimientos. A partir de entonces la narración ya no abandona el presente ya que se convierte en un diálogo entre Dorotea y Juan Preciado, diálogo en el que vienen a insertarse los monólogos de otros personajes enterrados en las tumbas vecinas. Si se hace referencia a lo que dice Juan Preciado a Dorotea, se puede considerar que toda la narración en primera persona del campo narrativo I, no es otra cosa que la transcripción de un relato hecho por el protagonista a la vieja Dorotea.  
-Mejor no hubieras salido de tu tierra ¿Qué viniste a hacer aquí?
-Ya te lo dije en un principio. Vine a buscar a Pedro Páramo, que según parece fue mi padre. Me trajo la ilusión.  
La respuesta de Juan Preciado parece retomar la primera frase de la novela:  
Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.
Tendremos que volver sobre este problema al abordar la función narradora, pero en lo concerniente al tiempo, hay que subrayar la importancia de este episodio, que se ofrece como punto de referencia temporal y que, en consecuencia, se designa como un nudo simbólico del conjunto de la narración.
   Cabe decir que, en relación a la historia de Pedro Páramo, el campo narrativo I es a la vez primero en el espacio textual, ya que es el que abre la novela, y posterior en la cronología, ya que cuando Juan Preciado llega a Comala Pedro Páramo ha muerto hace varios años.
   Así pues, el principio de la narración se construye en visión retrospectiva a partir de un punto de referencia que aparece hasta la mitad de la novela; la historia de Pedro Páramo constituye un nuevo retroceso, un nivel de pasado más profundo.
La narración se presenta pues como una reconstrucción del pasado en múltiples niveles, a partir de una experiencia presente directamente surgida de ese  pasado, y que requiere, para comprenderse, la rememoración del pasado.
___________

Nota: Este fragmento del estudio de la obra de Rulfo pertenece al libro "Lecturas rulfianas", de Milagros Ezquerro.


_____________________________________________

{
}
{
}

Comentarios Por la senda de Pedro Páramo, por Milagros Ezquerro, Universidad de La Sorbona, París.

Hola me gustó mucho su trabajo sobre Pedro Páramo. estoy trabajando la construcción de laimagenreligión,poder,muerte, erotismo en el discurso,de esta novela.
Me gustaría que me ayudaras a dilucidar, cómo sería interesante hacerlo.conozco lateoría de laenunciación Benveniste- Ducrot-  polifonia de Bajtin, actos del habla Searle. bueno en fin.
Quiero hacer un buen trabajo.Lanovela es pequeña,pero elrastreo necesita bastante atención.
buenas noches
gracias.

Deja tu comentario Por la senda de Pedro Páramo, por Milagros Ezquerro, Universidad de La Sorbona, París.

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar de usuario Tu nombre